Filósofo-artista, metafísico-crítico de la cultura: dos aproximaciones a la interpretación de la relación Nietzsche Heidegger
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Considerado como un filósofo-artista, Nietzsche se debate entre la verdad de la reflexión filosófica y la ilusión y el error
vital del artista. No obstante, para este pensador es más valioso el arte que la verdad al examinar la perspectiva cristiano - platónica, pues lo sensible se eleva sobre lo suprasensible y es más verdadero. Sin embargo, esta pretendida superación nietzscheana de la metafísica en la interpretación de Heidegger se resume a una inversión del platonismo, contrariamente a lo que Nietzsche expresa al referirse al arte en su función como el embellecimiento engañoso de la apariencia; de allí, el arte, como manifestación del mundo sensible, más que decir la verdad, funge de mentira optimista. La verdad nietzscheana se reviste del sentido trágico y pesimista de la existencia; más allá de una simple confrontación entre el mundo sensible e inteligible, Nietzsche no hace diferencia alguna entre los mundos aparente y verdadero. Precisamente para Heidegger, Nietzsche representa aquel pensador que se ubica al final de la metafísica, en él ha tenido lugar el olvido
del ser; sin embargo, Heidegger se aparta de este camino al ver en Nietzsche aspectos tradicionalmente metafísicos (el ser, Dios, la libertad, el sujeto) y no netamente nietzscheanos (nihilismo, voluntad de poder, eterno retorno, superhombre, justicia, crítica, etc.), pero, por otro lado, hay rasgos comunes que comparten entre sí: la afinidad de filosofía y literatura, un discurso no tan estructurado científicamente, la reflexión sobre la historia de la cultura. Al mismo tiempo, confrontan en el pensamiento la rememoración heideggeriana a través de la metafísica y las “fiestas de la memoria”
nietzscheanas, pues piensan el ser no como estructura sino como evento, el ser no es otra cosa que sus eventos.