El carácter “humanista y rehabilitador” de la cárcel: una crítica desde la perspectiva foucaultiana
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Dentro de los discursos penitenciarios modernos predominan dos grandes
corrientes, diríamos irreconciliables entre sí, que tradicionalmente
discuten los fines de la prisión: la rehabilitadora y la punitiva. La
más utilizada, la de la rehabilitación, se sostiene sobre la base de una
institución capacitada para integrar al exinterno a la vida en sociedad
después de un período de tiempo de tratamiento (a través de especialistas,
formación para el trabajo, el estudio, el apoyo familiar, etc.). Por otra
parte, la cárcel punitiva (catalogada por la primera como perversa), alega que a través del castigo se inhibirán conductas antisociales. Existe pues la creencia (o convicción) de que a partir de la corriente en donde estemos inscritos se determinaría la dinámica interna penitenciaria. Digamos, entonces, que podría existir una cárcel buena, transformadora, reconciliatoria —humanista—, y otra perversa —castigadora—.
Ahora bien, aún en la cárcel buena, la cosa siempre “funciona mal”. Podríamos cuestionar el carácter inherentemente aflictivo del encarcelamiento, negador del pleno desarrollo del proyecto humano.
No obstante, el mal funcionamiento de la cárcel, el fracaso en sus objetivos declarados no se nos explica así, siempre se atribuye “a malas praxis”, “a problemas técnico-gerenciales”. El análisis ideológico sobre su rol termina siendo sacrificado por la búsqueda de respuestas
eficaces ante la constante ‘emergencia’ penitenciaria, esa que lleva ya más de 200 años a nivel global. A la luz del pensamiento de Michel Foucault, nos animamos a cuestionar aquí la manera predominante de abordar ese “carácter
problemático de la cárcel”. Quisiéramos entonces, disipar las familiaridades admitidas, preguntarnos si sobre el tema penitenciario no hay en la actualidad postulados, hábitos, maneras de hacer y
de pensar susceptibles de ser re-problematizados. Proponemos ensayar una revisión de al menos dos afirmaciones, aparentemente incontrovertibles, que se han constituido en los pilares teóricointerventores de la política en torno a lo penitenciario, o al menos
lo son en el discurso. Ellos son: 1. La cárcel redime y rehabilita. Sus objetivos rehabilitadores se logran fundamentalmente a través del estudio, el deporte, el trabajo y la recreación. 2. Los problemas
de la cárcel se pueden arreglar con voluntad y una buena gerencia.
Brevemente también reflexionamos en torno a las prisiones de nuevo modelo (o establecimientos alternativos a la prisión) como un sistema de relanzamiento más eficaz de los grandes mecanismos que han caracterizado el funcionamiento de la prisión tradicional; por último,
dejamos planteada la necesidad de determinar, en estos momentos
de la historia venezolana, los ilegalismos sobre los cuales el poder no tiene tolerancia, en otras palabras, cuál es la tesis política sobre el castigo en la Venezuela de hoy.