Arte, ciencia y tecnología: la conciencia estética en el mundo actual
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El trabajo consta de cuatro partes: primero, se analiza brevemente el contexto de la estética actual y de qué manera el proceso histórico de transformaciones tecnológicas hacia un proceso planetario de globalización por las revoluciones industriales y la tecnotrónica, con consecuencias significativas no sólo económicas, sino sociales, políticas y culturales, ha incidido en una nueva concepción de lo real y del sistema perceptivo. Una conciencia estética que va más allá de la visión de la aisthesis como mimesis desemboca en su transformación predominante como poiesis, no como copia o representación de la realidad sino como creación, producción creadora. Segundo, al surgir, como paradigma del pensar y de la acción, una realidad cibernética, se examina cómo el conocer abandona su carácter reductivo a la mera lógica binaria de la razón como tribunal supremo de todo lo que es. El pensar no es sólo racional sino metalógico; abarca, fusionándolos, sensibilidad, intuición y argumentación lógica: pulsiones, afectos, sentimientos, emociones, pasiones, comprensión, interpretación, acercamientos fragmentarios, nunca exhaustivos, de la realidad, perspectivas de verdad. La pretensión de una única y absoluta verdad apunta hacia una figura de alcance planetario, indisociable del nihilismo: el "último hombre", denominado a la vez, en Así habló Zaratustra, "el asesino de Dios". Es el nihilismo, que ha de ser superado si queremos
que la humanidad sea preservada. El pensar sólo racional se despliega, en lenguaje nietzscheano, como Voluntad de Poder nihilista. En cambio, una voluntad creadora, afirmadora de la Vida, configura, inventa, moldea, intensifica la Vida. Así emergen una transmutación de todos los valores y un nuevo sistema perceptivo. Exigencia de nuevos fundamentos, principios éticos anclados en la Vida, basados
en valores movidos por una Voluntad de Poder creadora, que afirmen lo que es, el ser, la vida, como devenir, en vez de fijarla, de matar la vida, por miedo al devenir. Sin la dimensión estética, que afirma la apariencia en cuanto apariencia, la ilusión, la ficción, sin buscar sustrato o substancia tras lo que es, sin la plasticidad creadora de mitos, al modo como Nietzsche los ha imaginado, en función de la Vida, frente al incesante torrente vital del devenir, nos disolveríamos, si no tuviéramos la fuerza inventiva¸ creadora de categorías, como líneas de horizonte, "verdades". Son puntos de referencia para avanzar en medio del devenir. Pero también la mutación cultural característica del tiempo presente, en una magnitud y alcance jamás antes vistos, puede ser interpretada como apertura hacia el otro, al reconocimiento del otro y de lo otro, lo cual implica no sólo el respeto a las diferencias y a la diversidad, sino también, la instauración del perspectivismo de la verdad. Su fundamento no radica más en el sujeto sino en la intersubjetividad, porque somos seres sociales. Tercero, ¿cómo explicar las nuevas categorías estéticas y la comprensión de lo real en la época tecnológica? Este aspecto se desarrolla mediante tres propuestas para pensar hoy la conciencia estética. Cuarto, como
conclusión, se plantea la caracterización de la estética como un modo ontológico del conocer, y se perfilan trece respuestas, a manera de hipótesis, para restituir plenamente el rango y dignidad de la estética como una forma de la filosofía primera o protefilosofía.