La dignidad de las personas en las catástrofes naturales

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SABER-ULA

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La dignidad de la persona es el fundamento ontológico y axiológico del actuar ético, jurídico y político del ciudadano de un país determinado en la actualidad. Sin embargo, el análisis del comportamiento humano ante las catástrofes es lamentable y más por las condiciones de vulnerabilidad y desprotección en que se encuentran las víctimas de la calamidad. En pleno siglo XXI, la “aldea global” y tecnificada ha metamorfoseado al ser-observador, lo ha insensibilizado de tal manera que no es capaz-de-actuar ante otros-seres que tienden-la-mano, piden-ser-escuchados o simplemente, sufren-su-dolor o angustia. El damnificado y el allegado del agraviado, exacerba su instinto y competencias de supervivencia: la altruista, la de solidaridad, la egoísta-narcisista o para soliviantar y anarquizar el medio. Generalmente, si bien ante la situación de catástrofe se establece un ambiente de colaboración y de asistencia desinteresada, en paralelo, hay grupos insensatos en pro de un beneficio personal o fomentando el desconcierto. Emerge así, una total falta de respeto por la dignidad y los derechos humanos, alterando la prioridad de asistencia, dotación de recursos y servicios en los sitios de mayor necesidad. Paralelamente, se cometen frecuentes abusos y violaciones de los derechos civiles y del derecho internacional humanitario. Los Estados deben ser garantes del derecho a la salud, del bienestar social y de la seguridad ciudadana, deben garantizar efectivamente el apoyo especializado y financiero inmediato al sobrevenir una situación de catástrofe; Así mismo, este tiene que dar oportuna respuesta de los organismos internacionales y multinacionales del orbe que se prestan a solventar esta situación en su fase crítica. La colaboración de las personas debe dirigirse a lo que es requerido y cómo es solicitado para un apto y oportuno uso por los responsables de la prestación del servicio ante la comunidad necesitada. La gestión rectora, articuladora y de prestación de servicios debe actuar con métodos técnicos y éticos, sociales y jurídicos en pro del colectivo y de toda persona víctima de este siniestro. La vivencia y experiencia de la vulnerabilidad de la persona permite reforzar la esencia de su ser y de su responsabilidad ancestral del cuidado del Edén. De esta manera, la solidaridad se constituye en el mejor instrumento de restitución de los valores humanos y como promotor de la dignidad y vida en general.

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