Parálisis, trauma y crisis en la experiencia estética: el síndrome de stendhal
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Sólo es posible observar el síndrome de Stendhal a través de las imágenes, el film de Argento muestra elocuentemente este fenómeno, donde puede verse cómo el sujeto primario pasa a ser el objeto de la “mirada siniestra” de la pintura, esto explica por qué existe una cubierta relación sensorial y psíquica del sujeto y la obra del arte. Tal hecho permite entender cómo pareciera que una pintura o fotografía nos mira y nos seduce. De allí que algunas personas experimenten ciertas crisis, traumas o efectos tímicos y pasionales cuando visitan galerías y museos, este caso ha tenido referencias desde el siglo XIX. El síndrome de Stendhal consiste en una enfermedad psicosomática cuyos síntomas son un ritmo cardíaco elevado, vértigo e incluso alucinaciones en el momento en que el sujeto observa una sobredosis de belleza, sin embargo, es también concerniente
a la reacción romántica ante la acumulación de belleza y el goce artístico. Stendhal fue el primero en describir detalladamente este acontecimiento al experimentarlo durante su visita a la basílica de Santa Croce en Italia en 1817. Esta “captura” del que mira ha sido enfocada a partir de la teoría de las catástrofes, donde el personaje del film se comporta como presa adherente a la imagen congelada frente a la imagen pictórica (predador). El film apenas revela la belleza
predadora, enigmática y traumatizante del arte. En este sentido, la llamada predación icónica habita en el campo semántico de la cultura, capaz de perturbar un sistema de equilibrio anterior sometiéndolo a un entorno antinómico como la atracción y el rechazo, por ejemplo. De acuerdo con lo expuesto, la belleza puede ser traumática como mecanismo vinculado al registro del imaginario, colocando al sujeto en tensión entre los órdenes de la psiquis.